Puerta de salida, de Alberte Momán Noval, se inscribe en una línea de narrativa gallega contemporánea que dialoga con la ciencia ficción erótica, el feminismo prosexo y las poéticas de la corporalidad disidente. Leída comparativamente, la obra comparte con otras escrituras gallegas y no gallegas una preocupación central: el cuerpo como espacio de disputa política, la sexualidad como tecnología de poder y la identidad como proceso relacional antes que esencia fija.
Marco gallego
Dentro del panorama gallego, la novela de Momán Noval puede situarse junto a textos que, en distintas claves genéricas, interrogan la norma sexo-género desde lo material y lo afectivo. En la esfera de la ficción especulativa, los relatos estudiados por Aránzazu Calderón Puerta muestran un imaginario donde cuerpos trans, híbridos o tecnológicamente mediados desestabilizan la frontera entre humano, máquina y naturaleza. Puerta de salida comparte esa lógica de desnaturalización, aunque traslada el conflicto desde el futuro distópico hacia un presente íntimo y doméstico, más pegado a la escena del cuidado, el hospital y la familia.
La comparación con Canícula de Mariña Pérez Rei, resulta especialmente iluminadora. En ambos textos, el cuerpo no es mera anatomía, sino un dispositivo sometido a programación, deseo y resistencia. Sin embargo, mientras Pérez Rei construye una distopía tecnosocial donde la subversión pasa por rebelarse contra la función asignada al cuerpo, Momán Noval sitúa el conflicto en el terreno de la transición corporal y la negociación del reconocimiento social. En uno y otro caso, la sexualidad aparece como campo de experimentación política, pero Puerta de salida desplaza el énfasis desde el futuro especulativo hacia la familia como institución donde se aprenden y se disputan las categorías del género.
También puede relacionarse con los relatos de María Concepción Regueiro y Moncho Mariño analizados por Calderón Puerta, donde la explotación de cuerpos feminizados o no humanos denuncia la violencia estructural del mercado y la lógica reproductiva heterocolonial. Momán Noval comparte esa crítica a la apropiación del cuerpo por normas externas, pero sustituye la alegoría distópica por un realismo concentrado en escenas de intimidad y conflicto generacional. Su apuesta no es tanto mostrar un orden devastado como revelar la persistencia, en el presente, de las violencias simbólicas que sostienen ese orden.
Parentescos gallegos
En el ámbito de la literatura gallega reciente, la novela dialoga también con una sensibilidad cuír que ha ido ganando visibilidad en estudios sobre Galicia como espacio de producción sexual y cultural disidente. Frente a la idea de un canon periférico o atrasado, Puerta de salida participa de una modernidad literaria que convierte la disidencia sexual en herramienta de lectura del presente. En ese sentido, la obra se acerca a una constelación de textos gallegos que no solo representan identidades no normativas, sino que cuestionan la estructura misma de la norma.
Puede ponerse asimismo en relación con la poesía y la narrativa gallegas que han explorado el cuerpo desde perspectivas de género, traducción o marginalidad discursiva. Aunque Momán Noval trabaja en prosa narrativa y no en el registro lírico, comparte con esas escrituras el impulso de pensar el sujeto como construcción histórica, afectiva y lingüística. La decisión de utilizar formas inclusivas y la insistencia en redes de cuidado y comunidad lo acercan a una sensibilidad contemporánea que desborda la simple representación temática y afecta al modo mismo de enunciar.
Comparación peninsular
Fuera del marco gallego, la obra entabla afinidades claras con la narrativa española contemporánea que ha puesto en el centro la corporalidad femenina, el deseo y la autonomía sexual. La tesis de Xinyi Han sobre Lectura fácil, Totalidad sexual del cosmos y As malas mulleres es útil para situar Puerta de salida dentro de un horizonte en el que el cuerpo femenino deja de ser objeto pasivo para convertirse en sujeto de deseo y conflicto. Como en esas novelas, aquí el cuerpo es un territorio político, pero Momán Noval introduce una especificidad decisiva: la transición de Marta no solo cuestiona la subordinación femenina, sino también el binarismo sexual como principio organizador de lo social.
En ese sentido, la obra comparte con Codicia, de María Reimóndez, una reflexión sobre la construcción del sexo y el género desde claves feministas y especulativas. La diferencia es de registro: Reimóndez trabaja una ciencia ficción más abiertamente futurista, mientras Momán Noval opta por una poética de lo cotidiano intensificado, donde la cocina, el hospital y la conversación entre madre e hija adquieren densidad teórica y simbólica. Ambas, no obstante, conciben el cuerpo como lugar de resistencia frente a la normatividad.
También puede establecerse un puente con narrativas en las que el deseo sexual femenino aparece como conocimiento y no como culpa. Puerta de salida coincide con estas obras en la defensa de una sexualidad no patologizada y en la crítica a la moral del control, pero va un paso más allá al incorporar la dimensión del trabajo sexual, la complicidad comunitaria y el feminismo prosexo como marcos legítimos de subjetivación. Ese gesto la hace más cercana a debates anglosajones y transnacionales sobre consentimiento, agencia y placer que a la tradición moralizante de la novela de aprendizaje clásica.
Estética y alcance
Desde el punto de vista estético, el texto se distingue por una prosa analítica que recuerda la densidad ensayística de ciertas ficciones contemporáneas sobre cuerpo y género. Su parentesco con obras gallegas de ciencia ficción reside menos en la ambientación que en la función crítica del cuerpo híbrido o desobediente. Su parentesco con la narrativa española reciente, en cambio, se manifiesta en la voluntad de articular emancipación sexual y conflicto social sin abandonar la complejidad afectiva.
La originalidad de Puerta de salida está en su capacidad para unir dos tradiciones que a menudo se presentan por separado: la reflexión gallega sobre periferia, comunidad y disidencia, y el debate más amplio sobre corporalidad trans, placer y consentimiento. Su aportación no consiste solo en representar una transición, sino en mostrar cómo esa transición redistribuye las formas de cuidado, redefine el vínculo materno-filial y obliga a repensar la sexualidad como práctica situada. En esa confluencia de intimidad y teoría reside su mayor valor literario.
Cierre crítico
En suma, Puerta de salida puede leerse como una novela de frontera: entre lo gallego y lo transnacional, entre el realismo doméstico y la especulación corporal, entre la tesis política y la exploración afectiva. Su comparación con la ciencia ficción gallega revela una misma voluntad de desestabilizar taxonomías del cuerpo; su diálogo con la narrativa española contemporánea muestra una preocupación común por la autonomía sexual y la materialidad del deseo. Lo que la singulariza es la manera en que traslada esos debates al interior de una familia y los hace depender de una ética del cuidado que no borra el conflicto, pero sí lo vuelve pensable.
